20 mayo 2009

Cuando te encargan tareas chidas y aprendes algo

[…] es que la cultura nos influye y compete a todos: cultura es todo lo que somos, vivimos y hacemos, es aquello que nos identifica -y de hecho, podría decirse, es lo que nos hace- humanos.

[…] de ahí la importancia de identificar en mi propia vida y experiencia la influencia-positiva y negativa-de mí cultura y las que me son ajenas. Este punto en especial me llamó bastante la atención, ya que me dí cuenta que aunque la cultura es algo que se hereda, algo que viene en conjunto con el lugar donde vivimos y las personas con las que crecemos, también es algo que se aprende, y se puede analizar, debatir, e incluso se puede estar en desacuerdo. Por tanto, si uno analiza la cultura propia y la compara con otras puede llegar a un aprendizaje significativo de los puntos “positivos y negativos” (por decirlo de una manera) de cada cultura, lo que lleva a una adopción de los hábitos y costumbres deseadas, y la eliminación o neutralización de las indeseadas, lo que conlleva una mejora como humano, o incluso -si el aprendizaje se da en un nivel de sociedad- una mejora como humanidad.

Otra conclusión a la que llegué es que sí cada cultura se desarrolla influida por el contexto biológico, físico, climático –en resumen, con factores externos a los que le competen a la mente humana-, y por tanto es la expresión de la adaptabilidad del humano a su entorno, no hay culturas mejores o peores, simplemente diferentes, y por esto se exige del hombre -en la definición de la UNESCO como el ser racional, crítico y ético- una aceptación, más no adopción, que lleva a la tolerancia y respeto hacia toda aquella cultura distinta a la propia.

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