10 agosto 2010

Siguiendo el Festival de Teatro de Nuevo León. Reseña: "Riñón de cerdo para el desconsuelo"


Obra escrita por Alejandro Ricaño –Premio Nacional de Dramaturgia Emilio Carballido -presentada el pasado viernes 6 de agosto, dentro del marco del Festival de Teatro. Dirigida por Angélica Rogel y protagonizada por Pilar Cerecedo (como Marie) y Omar Medina (interpretando a Gustave).


"Riñón de cerdo para el desconsuelo" está ambientada en la Francia de los años 40 y nos presenta a una pareja disfuncional habituada a su drama. Una pareja que vive entre gritos, insultos, sarcasmos, desprecios, uno que otro afecto y por debajo de todo ternura y una habitualidad encarnada. La pareja: Gustave, un escritor fracasado con una obra inconclusa, agresivo, egoísta y manipulador y Marie una mujer "tonta" y simple que no ve más sentido a su vida que amar y cuidar a Gustave -ser poco menos que su musa- Viven sumergidos en la rutina de una relación dependiente, cargada de violencia verbal. Pero no pueden vivir el uno sin el otro. Su relación está cargada de humor negro y del toque poético que solo el dolor y la miseria pueden otorgar a la vida.



Gustave vive obsesionado con Samuel Beckett: sus enfermedades, la relación con el escritor James Joyce, el trato con su mujer, y su participación en la resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial así como la construcción de su obra maestra: Esperando a Godot, y muestra cómo la pareja se involucra en el proceso de creación de dicha pieza dramática "ayudando" a Beckett a terminar la obra e inmiscuyéndose en el montaje de la obra. La obsesión de Gustave con Beckett eventualmente lo lleva a la perdición, arrastrando con él a Marie, dando todo y sacrificándose- como dice en cierto momento Marie- por la obra del irlandés. "Riñón de cerdo para el desconsuelo" es una obra sobre los absurdo que puede llegar a ser el significado que le damos a nuestras vidas, pero a veces lo más absurdo es lo que más nos llena: la rutina, el arte; el querer dejar "algo", aunque ese algo solo tenga significado para nosotros y nadie nos recuerde o nos de mérito por ello.

La historia es agradable e interesante, de un ritmo acelerado pero sin llegar a lo confuso.  Ambos actores rompían a momentos la acción para narrar directamente a la audiencia  parte de la trama. La calidad interpretativa de Pilar Cerecedo y Omar Medina es notable, ambos cumplieron cabalmente con sus papeles y los dotaron de cierto aire que hizo que el público se enamorara de ellos. El personaje de Marie es encantador e ingenuo y aporto a la historia y la presentación de una ternura que enganchó a los espectadores. Los juegos de narración de ambos personajes fueron excelentes. Una puesta en escena bastante equilibrada entre ambos personajes, aunque Marie definitivamente es el elemento destacable. A pesar que durante toda la obra ambos actores arrancaron al auditorio carcajadas con el  humor negro del guión, el trabajo dramático de las escenas culminantes fue tan emotiva y de tanta calidad que nos llevaron a muchos a las lágrimas.

La escenografía constaba solamente de un biombo y dos "maletas" que constantemente cambiaban de formas y locación para representar desde el apartamento de la pareja, hasta un puente o la cárcel. Estos tres elementos eran movidos por los mismos protagonistas en movimientos tan simples que pasaban a formar parte de la historia y se fusionaban con el ritmo narrativo de manera natural. Estos juegos de escenografía ayudaron tanto a la presentación que no podían más que tomarse como un gesto de genialidad contribuyendo a  la atmósfera de absurdo de la obra.

Los vestuarios fueron adecuados a la época y locación en la que está ambientada la obra, nada suntuoso, pero completamente adecuados. La iluminación muy buena también, agregándole dramatismo o naturalidad, dependiendo de la escena. Es de elogiar el efecto que lograba la iluminación en los juegos de cambio de escenario, ya que al paso que los elementos físicos de la misma cambiaban la iluminación ayudaba a la transición de localidad, ya siendo de "exteriores" o estando en el departamento de Gustave y Marie.

Un total acierto la puesta en escena,  desde los detalles técnicos, actuaciones así como la historia  y el trasfondo de la obra fueron una combinación ganadora que una vez más demuestra que no se necesitan grandes escenografías ni 100 actores para lograr dignificar el teatro. Un magnífico ejemplo del buen teatro contemporáneo mexicano. Yo como espectadora salí completamente satisfecha de la obra y, confieso, con una sonrisa en la boca. Da alegría ver cosas así de buenas.


La primera fotografía la tomé de Artes e Historia México, las demás fueron tomadas por mí y por Octavio Villalpando. Clic para verlas en grande.

1 comentarios:

May dijo...

Es un gusto saber que el teatro no muere... gracias.