05 septiembre 2010

Casa sin dueño.


Duraznos avenjentándose
en el silencio de una cocina inútil.
Afuera, el pasear eterno
de los otros.

Chaparrones hoy, mañana.
La misma casa inerte, acaso un
orgasmo al alba, un púlsar
de gratitud y el silencio de nuevo.

Polvo que duerme dentro,
entumecido en la amnesia
de luces y cantos pasados:

la mano añejante de las
memorias guardadas bajo llave,
el lastre de las sonrisas ajenas
y el cerrar de ventanas.

1 comentarios:

May dijo...

"Añejante" me gustó ese adjetivo. Buenas figuras...