04 noviembre 2010

Cosas II

"Los objetos de mi apego, de mi aversión y de mi ignorancia -amigos, enemigos y extraños, mi cuerpo, riquezas y placeres- ofrezco todo esto, sin ningún sentimiento de pérdida."

[Oración budista]

Anteriormente escribí un post sobre la relevancia sentimental que pueden llegar a adquirir los objetos a nuestro alrededor, sobre como los insuflamos con nuestra energía y dejan de ser objetos cotidianos, para convertirse en cosas relevantes para nuestra vida. Y cito una de mis frases favoritas de Fernández Christlieb a la que llamo "imagen de la silla-abuelita". Sería bueno que lo leyeran para adentrarse en el trasfondo de este post.

Actualmente y conforme he ido viviendo cosas, viviendo en casas y dejando cosas creo que he cambiado un poco y en cierto sentido mi forma de pensar.


Sigo pensando que hay cosas que tienen un valor infinito que les hes otorgado por la cantidad de historia y recuerdos que depositamos en ellos. Hay objetos que tienen mucha más vida y relevancia para nosotros que la chica con mochila que nos topamos en la calle por la mañana. Conservo ese dejo de nostalgia que me inunda a veces y me hace extrañar las cosas que he perdido: ropa, fotos, discos, libros, obsequios...


Si en algo he cambiado mi forma de pensar y mis sentimientos es en que ahora más que nunca sé que sin importar cuánto importe un objeto nunca dejará de ser eso: una cosa, con o sin memoria, pero una cosa al fin. Y hoy por hoy me deprendería con gusto de mis objetos amados si fuese necesario.

No porque no importen, no porque no tengan recuerdos, sino porque las objetos -al igual que algunas personas- nos anclan al pasado y muchas veces no nos dejan ser libres. Aunque hay sentimientos y memorias mezcladas, creo que tiene que ver con el materialismo, con la incapacidad de definirnos en base a nosotros mismos y más bien depender de estas cosas y gente a nuestro alrededor. "Soy fulanito, tengo esto, soy amigo/novio/esposo/hijo de tal." La autodescripción más sincera que he leído decía "Soy fulanita y se hacer barquitos de papel, lo demás es irrelevante"

De ninguna manera estoy diciendo que cosas como un trabajo, estudios, dinero, y las relaciones no sean importantes, después de todo a la hora de ir a hacer el súper uno no paga con recuerdos, que yo sepa, la esperanza no mata el hambre y el desarrollo pleno como humano no se logra sin relaciones. Pero con lo que no estoy de acuerdo es con depende de esas cosas/personas para realizarse como personas. Lo que trae a mi mente una frase de Fernando Vallejo, en su libro El Desbarrancadero:

[Sobre el deseo de las mujeres de ser madres] "¡Ay, que dizque si no los tienen no se realizan como mujeres! ¿Y por qué mejor no componen una ópera y se realizan como compositoras?"

El punto es que las cosas, como casi todo en la vida no son eternas y constantes y deberíamos a aprender a ser completos por nosotros mismos y no en base a cosas o personas. No estoy en esa situación y preferiría no estarlo, pero si dadas la circunstancias tuviese que dejar de nuevo todas mis cosas, lo haría sin ningún sentimiento de pérdida, consiente de que lo que soy yo está dentro de mí y no depositado en objetos.

Aclarando que una cosa es un poco de nostalgia y otra diferente es obsesionarse con las cosas que ya no tenemos, como solía pasarme. Algo relacionado con esto que menciono es la obsesión con el dinero y las adquisiciones materiales, de las cuales también me siento liberada, pero eso merece otro post que prometo escribir pronto.

¿a cuántos de los libros, vestimentas, películas, discos, fotos, muebles, recuerdos y adornos que tenemos estaríamos dispuestos renunciar?

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