17 noviembre 2010

La espera.

No hay gloria, ni marido, ni hijos después de la muerte. Solamente tu hedor y el dolor de una espalda recostada sobre la madera cada día más mohosa de tu ataúd. Por los días de los días, hasta la eternidad.

Horas que pasan lentas y sosegadas unas tras otras. Como visitas al dentista: recostada con las manos sobre el pecho esperando algo que no sabes qué. Acaso el crujir del cajón, el lento excavar de algún insecto horadándote las entrañas y los recuerdos.

La humanidad ha gastado su historia entera dilucidando, imaginando y preguntándose si hay vida después de la muerte: algunos esperábamos el cielo y temíamos el infierno. Algunos dicen que no existe un después y en cierta manera tienen razón. No hay nada, salvo tú. Es como irte a la cama y despertar tres metros bajo tierra. No hay paz o fuego eternos. Somos la misma bola de carne, efluvios y gases, pero fétidos y en fermentación. Tampoco es que duela, es como la caída del pelo, el crecer de las uñas.

Si hay flores sobre mi, no puedo verlas, si alguien me recuerda, no puedo saberlo. El amor a pesar de la ausencia no alcanzo a sentirlo. O más bien ¿será que no siento nada? El desvanecido recuerdo de algunas voces, caras, nombres y no más. No me despiertan, remueven o tocan alguna fibra. No hay amor, tristeza ni odio. No hay serenidad ni quietud: solo esperar sin impaciencia, repostar sin descansar, estar conciente sin estar despierto y miles de ideas intrascendentales viniendo a tus pensamientos.

Hay una lombriz cerca.
Un sonido hueco a lo lejos, pudiese ser un caminante o una bomba y daría igual.
Gotas de agua que se filtran de vez en vez.
Raíces de plantas o árboles escarbando aquí y allá.
Otro tendón que se desprende, otro hueso que se asoma.

No hay dinero, ni logros, ni homenajes póstumos. Al menos no alguno que pueda ver, sentir o agradecer. ¿Será así con todos los muertos? Si tan solo yaciera en algún lugar menos aburrido. Porque hasta para la lenta inexistencia hay niveles de aburrimiento. Tampoco es que me importe mucho.

Aguardo el día o noche en que por fin mi podedumbre se desintegre completamente, es el último recurso: si después de eso sigo existiendo aguardaré la eternidad en este estado de sopor, pero si la piedad, la justicia o Dios existen al menos con mi última célula degradándose morirá mi conciencia.





7 comentarios:

Moisés González dijo...

Algunos como yo que siempre dudando de la duda dirian, y si no?

Buen texto.

Pat Salazar-Caso dijo...

Me gusta que plantees eso de la muerte del cuerpo más no de la conciencia, de la conciencia de yo. Me llama bastante la atención, y me lleva a la reflexión lo siguiente: ¿dónde empieza la conciencia? ¿es anterior a la existencia? Eso que llamamos alma, ¿'existe' o se manifiesta desde antes? ¿cuándo acaba?

Me llama la atención que consideres que la conciencia de yo termine cuando se desintegre la última célula del cuerpo que alberga a ese yo. Pero... ¿acaso en vida las células no cambian y nacen y mueren cada cierto tiempo, hasta el punto de decir que bio-lógicamente hablando, uno deja de ser y es otro u otros, en vida? Incluso en la desintegración de lo que pueda quedar 'vivo' estando uno 'muerto' - el cabello, las uñas -, ¿no habrá acaso células que sigan naciendo mientras otras mueren, hasta que eventualmente dejan de nacer, y entonces - sólo entonces - se da paso a una muerte 'muerte'? ¿En todo este proceso sigue viva la conciencia? ¿Lo sigue después?

Muchas preguntas, pocas respuestas. Más de qué hablar. Me gusta esa visión nostálgica de que la conciencia casi todo lo perciba (las flores, el agua) y muchas cosas intuya (un homenaje póstumo). ¿Qué es lo que muere y qué es lo que no?

Y pregunta última: ¿qué pasa en el caso de alguien que decide ser incinerado en ves de soterrado?

Anónimo dijo...

Tan cierto y lugubre como real y risible. interesante punto de vista y esquisita forma de interpretarlo... eternamente enamorado de tu cerebro dama escarlata

Edith.BlackSoul dijo...

Moisés: gracias por comentar.

Pat: También me pregunté eso de la incineración. Y llegué a la conclusión de que -al menos en el mundo del cuento- si alguien es incinerado muere su conciencia con la desintegración del cuerpo.

Una de las cosas que quise transmitir fue la del "apego" que existe con el cuerpo. Cuando la protagonista se pregunta si "¿será así con todos los muertos?" creo que es como diciendo "¿no habré hecho algo mal y por error me quedé acá?"

Lo que me gusta de escribir es que a veces ni yo sé de sobre qué va la cosa... ;)

Anónimo: Gracias por leer y estar enamorado de mi cerebro. Ayer me pasó algo que justo necesitaba que alguien me dijera algo así.

The Grimm Reaper dijo...

no anonimo solo un error que no pude corregir... eternamente enamorado de tu cerebro...

The Reaper...

Sizu Yantra dijo...

Nacer es empezar a morir, la muerte es la única verdad de esta vida, y creo que la vida es difícil de descifrar y descifrar la muerte quizás un tanto mas.
Un post bastante reflexivo.
Que estés de maravilla!!
Saludos!

InGe_CrUsHeR (evil side) dijo...

como decia la cancion:

tan pronto usted nace, ahi empezo a morir...

tenia mucho sin visitarla..me he perdido de muchos buenos escritos suyos...espero ponerme al corriente

Saludos ¡¡¡