25 enero 2010

The Death is the Road to Awe

Nota: Algunas personas no creerán, aprobarán o entenderán lo expuesto en este post. Todos creemos en cosas distintas, siempre he sido inclusiva al tratar a las personas a mi alrededor. respeto creencias, ideas, religiones, fes. Pido un respeto recíproco hacia lo que yo creo. No trato de convencer a nadie de nada, simplemente me expreso.


I


Pienso en la muerte. En mi muerte. La gente de mi edad no suele pensar en esa clase de cosas, ya saben: estamos en la flor de la vida y todo eso. Pero demasiada gente que amo ha muerto, y eso te pone a pensar: es decir, cuando pienso en ellos (a menos que ande en una etapa muy depresiva o algo así) siempre los siento libres, reintegrados en el Universo.


¿Qué somos? Un pedacito de Universo, y al morir regresamos a la matriz junto con todo aquello que nuestra alma cultivó: el conocimiento, el amor, y ¿por qué no? los miedos, el odio y el dolor.


Nunca dejamos de existir. La prueba es que los que nos quedamos de éste lado seguimos sientiendo exactamente lo mismo por las personas que han cruzado, independientemente de su ausencia física. Seguimos amándolos, seguimos soñándolos, seguimos necesitandolos. Simplemente aprendemos a subsistir sin su presencia carnal.


Creo que a las personas nos gusta pensar que no existe nada después de la muerte para no sentirnos abandonados por los que se han "ido" Si ya no existen, si ya no existiremos no hay de que preocuparnos. Por el contrario si hay algo más allá...¿qué se supone que debemos pensar al respecto?


Es decir, creo que al regresar al Cosmo nos fundimos con el Todo y todo el bagaje de nuestra alma se reintegra con nosotros. El Universo siempre crece, porque cada nueva vida de un alma aporta más cosas: más historias, más recuerdos, más amor, más traumas, más dolor. ¿No nos da eso la obligación de tratar de cultivar lo mejor y lo más que se pueda para regresar plenos al Universo y enriquecer, embellecer el Todo?


II


El humano siempre ha vivido obsesionado con la muerte (y con el sexo, pero ése es otro tema) la ha adorado, la ha temido, la ha utilizado, la ha sobreexplotado con fines egoístas y ambiciosos. Freud habló de la "pulsión de muerte", la necesidad de todo ser viviente de alcanzar la muerte. Aunque suene ilógico. Más que la muerte, la paz, que sólo se consigue con un estado de reintegración total con el Universo (o con Dios, el Nirvana, la inconciencia y separación de todo dolor físico, moral y espiritual)


Al contrario de lo que anhelamos inconcientemente -la paz- siempre huimos y tememos la muerte como si fuera el fin total. Tememos nuestra muerte y la de las personas que amamos, no porque no queramos alcanzar la paz, cruzar y fundirnos con el Todo, sino porque estamos tan apegados a este mundo material, a las personas, a lo perceptible físicamente que tememos aquello que nos libera.


No hablo de desear la muerte, el cese de nuetra vida física, sino de aceptar la muerte como lo que es: el camino hacía la plenitud Total.


Si nos duele tanto la muerte de las personas que nos han acompañado en nuestro viaje no es porque se hayan ido (de hecho persisten) sino porque, a un nivel muy inconciente (y por tanto muy genuino) nos duele el heho de saber que ellos son libres ahora, y nosotros seguimos aquí, en este plano, donde es más difícil - más no imposible- alcanzar la comunión con lo espiritual.


No queremos aceptar que lo que nos queda de las personas que han cruzado a veces es muchísimo más grande de lo que su sola presencia física nos daba. Quedan las cosas má grandes (tanto bellas, como las dolorosas) las más importantes, las que más nos marcaron. Nos negamos a compratir su plenitud, su libertad y gozarnos en su recuerdo y su nueva presencia etérea, porque el egoísmo nos dice "Lo extraño" "Lo necesito" " Quisiera tocar su mano, ver sus ojos, sentir su piel, escuchar su voz" No nos damos cuenta que eso sigue ahí, más bien aquí. Adentro de mí, de una manera muchísimo más poderosa que lo físico.


Cuando una persona se va a veces lo que más persiste son las cosas que en la vida cotidiana pasan desapercibidas o damos por sentadas: la forma peculiar de enarcar una ceja, el tono de una voz preocupada, un ceño de concentración y eso es lo poco que dejan de este lado los que han retornado a la matriz, pero solo lo dejan para que nosotros lo engrandezcamos, lo vivamos, lo disfrutemos y cuando sea nuestro turno lo reincorporemos también al Cosmo, cerrando círculos, y abriendo otros.


III


No le temo a la muerte. Hay varias personas a las que ansio encontrarme de aquel lado. Esta de vez de una manera total. Mi madre, Mylo y mi padre. Anhelo fundirme con ellos en un éxtasis de plenitud eterna...pero habrán de esperarme porque antes debo llenarme de todo lo que pueda: personas, lugares, sentimientos, experiencias para que al irme vaya bien cargada de todo. Que mi copa esté bien llena. A lo único que temo es al morir sin ser plena. El tiempo es apremiante y hay tantas cosas por hacer. El tiempo nunca será suficiente para hacer todo lo que quisieramos hacer y ser. Somos motitas de polvo en la inmensidad del Universo, pero que hasta el último aliento esté aprendiendo algo es lo que quiero para mí.






La rola que inspiró este post, "The Death is the Road to Awe" ejecutada (magistralmente) por Kronos Quartet, de Clint Mansell. Del soundtrack de la película "The Fountain" la cual les recomiendo efusivamente. De lo mejor que hay para ver. Sublime, eterna, deliciosa y atrapante. Belleza pura.



Pd. Un amigo me dijo que ya no leía mi blog porque no tenía dibujitos. :P