20 octubre 2011

Las mujeres que «están allí porque ellas quieren» cuando no quieren.

[Advertencia por contenido sobre abuso sexual y violación]


Nota: El siguiente post se debe leer con mucho, mucho discernimiento, paciencia y cuidado. En el hay varias líneas que en caso de ser leídas sin detenimiento podrían interpretarse como un discurso de represión sexual hacia las mujeres, como mojigatería o como un juicio reprobatorio hacia las personas que en el menciono, el cual no es el caso. Una vez más, pido al lector discernimiento y atención al leer.
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Soy una pésima fanática de cualquier cosa. El hecho de siempre estar cuestionando todo me convierte en una persona que pocas veces enloquece por algo, toma partido o se casa con ideologías.

Soy una persona que ama la ciencia, pero estoy conciente del lado “malo” del mundo que la rodea (codicia, corrupción, burocracia…). Amo a los animales, pero nunca saltaría sobre ti reprendiéndote por comerlos. Me gustan géneros de música no tan comerciales, pero no me la paso insultando a Justin Bieber o al reguetón. Soy atea, pero respeto las creencias de las personas que las tienen. Y, en lo que atañe a este post: soy una mujer sexualmente libre, satisfecha, sin (o prácticamente sin) tabúes ni tapujos, pero al mismo tiempo estoy conciente de la esclavitud sexual en la que viven muchas mujeres a quienes la sociedad quiere ver como libres.

Vayamos por partes y establezcamos un contexto:

Muchos recordarán mi post «Instrucciones para fingir un orgasmo» en el cuál de manera metafórica dibujé a dos tipos de mujeres en principio opuestas, pero iguales en el hecho de ser mujeres atadas a diferentes tipos de represión sexual. Con el paso del tiempo y debido a los comentarios dejados en el post descifré la razón por la cual muchas personas no captaron el sentido del mismo: no solo por el hecho de que es una metáfora, sino porque la figura de la segunda mujer, la “niña mala” siendo víctima de represión sexual, no está bien definida en la sociedad y es algo que muchas personas niegan o no quieren ver.

En parte se debe a que la mayoría de la gente solo quiere ver el mundo en blanco y negro y no se detiene a pensar en la famosa frase “Cada cabeza es un mundo”, que a mi se me suele antojar más como un “Cada cabeza es un tono de gris”. En cuanto al tema de la sexualidad femenina, generalmente solo suele haber de dos: o eres santa o eres puta. Que a la vez se convierte en cuatro puntos de vista o maneras como las mujeres se ven unas a otras y el mundo a ellas:


Lo que no ve ese esquema tan simplista con el que viven muchas personas son los puntos intermedios entre las definiciones de “bueno”, “malo” y la máscaras que subyacen a estas. Existen al menos dos de estos que suelen ser ignorados:

Primero que nada, que la mayoría interpreta a una mujer “decente” como una mujer que ha tenido una sola pareja sexual (su marido) y por lo general no se siente tan atraída hacia el sexo, cuando existimos mujeres que nos negamos a portar el mote de “putas” y nos consideramos decentes a la vez que vivimos una sexualidad libre y satisfactoria (escribí un post sobre esto, pueden leerlo acá).

Y segundo, que existen mujeres que viven una sexualidad “desenfrenada” (varias parejas sexuales, sexo pre-marital y en lo que atañe a este post: mujeres que se dedican a la prostitución, la pornografía o el mundo del entretenimiento sexual) que viven ancladas a los mismos tabúes que la más recatada de las mojigatas y al sexismo más acérrimo aún cuando parezca que no.

Y es precisamente sobre ellas sobre quienes quiero hablar: “mujeres de la mala vida”, “mujeres públicas”, teiboleras, desnudistas y prostitutas.

Como mencioné antes, generalmente solo se les suele ver de dos maneras: las mujeres y hombres “decentes” las ven como pecadoras, fáciles, víboras que merecen los peores castigos y el desprecio público; y las demás mujeres y hombres “indecentes” las ven como mujeres “cachondas”, ninfómanas, dominadoras traga hombres que lideran el movimiento de liberación sexual femenina.

El primer punto de vista cae por si mismo debido a los prejuicios y sexismo en los que se basa y el segundo cae por números y realidad. Muy pocas personas quieren ver y entender la cara oculta de la vida de muchas de estas mujeres; las mujeres que –concientemente o no- no están en ese mundo por gusto.

Antes de seguir quiero aclarar una cosa y ésta es que soy cercana a varias bailarinas y prostitutas: antes por amistad con dos mujeres en el ámbito, después conocidas y como escucha de los pensamientos íntimos de varias de ellas en los grupos de apoyo a víctimas de abuso sexual y de un tiempo para acá como seguidora de varios blogs y páginas de chicas que se dedican al entretenimiento sexual.

Eso de ver las cosas en blanco y negro también aplica cuando se habla de voluntad y esclavitud en el ámbito: la mayoría piensa que todas las mujeres que se dedican a algo relacionado con la venta de sexo “están ahí porque quieren” y las esclavas sexuales son una desagradable minoría, que casi nunca pasa o al menos “no en los círculos que yo frecuento” y hay dos grandes mentiras en eso: 1) Que la esclavitud de “a de veras” es más frecuente de lo que parece y 2) que no todas las esclavitudes son aparentes.

Basada en las cosas que leo (échenle el ojo a «Esclavas del poder» de Lydia Cacho) y las personas que conozco me quedo pasmada ante la cantidad de mujeres que viven encadenadas sin saberlo. La cantidad de mujeres que aparentan “estar ahí porque quieren”, cuando no es así. Si pudiese llegar a una conclusión solamente basada en las mujeres que conozco, he escuchado o he leído, podría decir que más que minoría, la mayoría de las mujeres que se dedican al mundo del entretenimiento sexual son víctimas y no “están ahí porque quieren”.


Y este es un terreno demasiado escabroso y delicado porque es sutil. Y el hecho de que sea ignorado se debe básicamente a dos factores:

Lo difícil que puede llegar a ser para algunas personas considerarse como víctimas. De nuevo el blanco y el negro: hay mujeres que después de ser abusadas o esclavizadas repelen todo lo relacionado al sexo y mujeres que tendemos a lo contrario; hay mujeres que tras ser abusadas o esclavizadas sufrirán de manera evidente toda su vida aún cuando se les brinde apoyo y estamos las mujeres que frecuentemente nos encontramos minimizando el asunto, pensando o diciendo que “no es/fue la gran cosa” -cuando sí lo es– e incluso excusando el ataque, culpándose ellas mismas o simplemente ignorándolo y enterrándolo en el subconsciente.
Lo fácil que es negar el dolor o los traumas y esconderlos bajo máscaras de dominio, empoderamiento y control. Es menos traumático aparentar ser una mujer dura, dominante, cachonda y decir “yo tengo el control” y “los hombres me hacen los mandados” que aceptarse a uno misma como una víctima ya sea de personas en concreto o de la vida en general y recibir ayuda.

No creo que todas las mujeres que se dedican a cualquiera de las variantes del entretenimiento sexual sean víctimas, pero sé que muchas de ellas –más de las que la mayoría está dispuesto a aceptar- sí lo son. Y lo sé porque he visto la doble cara – consciente o inconsciente- que tienen muchas de ellas:

• Vi a mi amiga que pasaba de estar un día enclaustrada, aterrorizada, recordando cada detalle del abuso sexual del que había sido víctima durante la mayor parte de su infancia y al día siguiente ser la más divertida de las putas, la más alegre y la más “cachonda”, la adorada de los clientes.

• He escuchado y leído a varias mujeres relatar los abusos a los que han sido sometidas como si hubiesen sido las cosas más insignificantes y bondadosas que les pudiesen haber pasado. (“Gracias al vecino/tío/conocido que me instaba siendo niña a ‘bailarle’ descubrí que me encantaba entretener a los hombres y mi vocación de teibolera”)

• Conozco a mujeres que están agradecidas de haber sido “rescatadas de la pobreza” a los 15-16 años por los hombres que las introdujeron en el mundo de la prostitución sin siquiera saber a qué iban y ahora “están ahí porque quieren

• He leído, sido testigo y escuchado los relatos inconexos, incongruentes y contradictorios de decenas de mujeres donde tratan a toda costa de convencerse a sí mismas de los felices, en control de su vida y libres que son en el mundo del entretenimiento sexual. Aquellos donde nos hablan de todo el poder que tienen, todo el placer que obtienen y en alguna parte por ahí se cuela un poco de su pasado y se desmorona su máscara, donde hablan invariablemente de sus escudos y de cómo “no sienten”, “no esperan”, “no son ingenuas” y “no dejan que nadie las lastime”.


¿Se puede decir que una mujer que después de abusos ha crecido pensando que los hombres pueden ver, tocar y decir lo que quieran de su cuerpo y está bien ha escogido libremente ser teibolera?, ¿sería justo afirmar que una mujer que ha crecido en la pobreza y a la que le han presentado la prostitución como única y mejor manera de sobrevivir la ejerce libremente?, ¿podemos afirmar que una niña que a los doce años es instada por sus amigos/primos/conocidos adultos a desvestirse, bailar o tener relaciones con ellos a cambio de dinero y con el tiempo crece con un “gusto para venderseha escogido libremente su vocación? Ninguna de ellas ha sido técnicamente obligada a hacer lo que hace, pero ¿se puede afirmar que son mujeres que “están ahí porque quieren”?

Con el tiempo y conforme he ido conociendo más historias y más mujeres en este mundo he ido poco a poco reconociendo lugares comunes en sus testimonios. He ido aprendiendo a identificar los rasgos de personalidad bajo los que subyacen sus verdaderos sentimientos y pensamientos. 

Una de las principales razones por las que considero a “puta” un insulto y a pesar de ser una mujer sexualmente libre y para muchos promiscua jamás me definiría como una “puta” es la forma en como he visto que ellas mismas usan la palabra. En teoría ellas ven “bien” lo que hacen, pero todo en su vocabulario, expresiones y comportamiento las sitúan en el lado extremo de la batalla.

Algo que muchos tienen a ignorar del estereotipo de la mujer típica mexicana santa, decente y sacrificada que vive con el hombre típico mexicano mujeriego, machista e infiel es que para que este pueda ser, obligatoriamente tienen que existir las mujeres “fáciles” y “putas” con las cuales el pueda ser infiel. Aunque sean el lado contrario de la moneda de lo considerado “correcto”, son parte indispensable de la ecuación.

El problema con esto es que la mayoría de las mujeres que “deciden” encajar en ese arquetipo de mujer fatal y promiscua, dentro de la cultura mexicana, se ven a sí mismas como las ve el mundo. Por eso se definen a sí mismas como “malas mujeres”, putas, incluso algunas usan la palabra “pecadoras”, entre otras y en sus frases se adivinan muchos comentarios sexistas como “yo le doy lo que no le dan en su casa”, “los hombres solo quieren una cosa” o “todos los hombres son así”, una visión muy cerrada y retrógrada de la menstruación y un constante criticar a las “esposas” y “novias oficiales” dejando implícito que todas son unas “pobres engañadas”.

Una de los aspectos del asunto que me resultan especialmente molestos –por el hecho de que conozco, hasta cierto punto, ese mundo de cerca- es la manera idílica como suelen retratar su trabajo la mayoría de ellas, cuando no lo es. Así como lo cuentan es un trabajo que hasta se me antoja: cientos de hombres idolatrándome, dándome placer, divirtiéndose conmigo, a mis pies y aparte pagándome por ello.

La realidad es mucho más desagradable: a una prostituta o bailarina se le paga para satisfacer, no para ser satisfecha, para hacer cualquier cosa por la que el cliente haya pagado, independientemente de que ella tenga ganas de hacerlas en ese preciso momento, para soportar caras, físicos, olores y sabores le agraden o no, para reaccionar como sea que el cliente haya estipulado (fingir placer, subordinación, dominación) sin importar si ella quiere o no y para soportar con buen temple cualquier comentario, caricia o actitud (no violentas físicamente, aunque casi siempre violentas psicológicamente) que se le muestre mientras haya sido contratada. En cambio, una mujer realmente libre siempre tiene el derecho a decir NO a cualquier cosa que no desee hacer, tiene derecho a parar o rechazar cualquier cosa y a cualquiera en cualquier momento, a decir lo que le agrada y desagrada y a escoger su pareja bajo sus términos, a reclamar, criticar y aceptar o negarse a prácticas en específico en determinados momentos.

Estoy segura que por allí deben haber algunas mujeres que se dedican a cualquier faceta del entretenimiento sexual “por hobby”, a ratos, por temporadas, de una manera en la que no dependen de ello y pueden darse el lujo de rechazar clientes o trabajo, pero la verdad es que para la mayoría de ellas es su único trabajo y su único sustento. También estoy convencida de que debe haber unas tantas que disfruten el sexo, pero no importa cuánto te guste no siempre vas a traer ganas y no para hacerlo con 3, 5, 10 hombres por noche: no importa qué tantas ganas tengas, en algún momento se reseca la vagina, arden los labios, duelen los pezones, se cansan las piernas.

Y esa es la realidad del trabajo. Un trabajo duro para las que “están ahí porque quieren” y no me puedo imaginar como ha de ser para las que no y para las que aparentan que sí, pero en plena faena, con el más apestoso y desagradable de los hombres encima de ellas se les rompe poquito el escudo y la mente les dice que no.

No critico lo que hacen, sino el porque lo hacen.

En todo este asunto creo que el principal culpable es el hombre que compra este tipo de servicios, que es en la mayoría de los casos un hombre que no quiere relacionarse con las mujeres en un ambiente de igualdad y mutuo respeto. Hombres que necesitan/quieren pagar por sentirse en control y saber que sin importar su desempeño, modales y físico no serán criticados, ni deberán cumplir expectativas ni deseos. Después de todo –y aunque parezca que no- en el mundo habitan miles de mujeres sexualmente libres que no cobran por sexo, pero claro, ellas tienen expectativas, exigencias y deseos particulares y se les debe un respeto, una atención y una igualdad y una satisfacción que muchos hombres no están dispuestos a dar.

Todo este post no es una crítica a la prostitución ni el entretenimiento sexual en sí, sino a la cochinada de sociedad que orilla a muchas mujeres a vivir en ese mundo por todo tipo de razones menos un limpio y llano “quiero ganar dinero vendiendo/exhibiendo mi cuerpo”.

Es una crítica a las personas que aprovechándose de la inestabilidad, inseguridad y confusión que acompañan a los abusos sexuales y la mala crianza o la vulnerabilidad que sufren quienes viven en pobreza de las que son víctimas cientos de mujeres las convencen de que una vida de servicio sexual es normal.

Es un llamado de conciencia y hermandad a todas las mujeres que creen que su cuerpo merece ser maltratado y su espíritu quebrantado porque las mujeres “como nosotras” (las que no pudimos defendernos, detener a nuestros ofensores y estamos “sucias” desde mucho tiempo antes de ser concientes de lo que era el sexo) no tenemos otra opción que “sacarle” provecho a nuestra putez y dejar que otros continúen haciendo de nosotras “lo que muchos otros ya han hecho, así que, qué más da

Hay otras opciones. No todos los hombres “son iguales". No todos “quieren una sola cosa”. Podemos ser sexualmente libres y al mismo tiempo tenemos el derecho de decir NO. Podemos vivir en relaciones equitativas. Tenemos derecho a ser libres, amadas y respetadas.

4 comentarios:

May dijo...

Totalmente, totalmente de acuerdo. Me hizo reflexionar tanto, recordar mis épocas de reprimida mustia cuando señalaba a esas mujeres pecadoras, sin verlas como personas, como víctimas, como mujeres que sintieron que perdían toda su valía personal por algún incidente en su infancia o adolescencia. El gris, el gris es el color del ser humano. Hasta cuando vamos a seguir clasificando en blanco y negro? Y me incluyo porque lo he hecho y lo sigo haciendo. Gracias por un post tan reflexivo, te quiero. Me encanta comenzar el día leyendo algo así.

Alexander Strauffon dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Evaristo Arnack dijo...

Edith, te la ultramamaste con este post. Super completo, interesante y profundo.

No dudo que toques siempre sensibilidades, pero eso genera opinion, lo cual es bueno.

Me identifico mucho con la especial situacion de las "chicas malas". La mujer con la que actualmente sostengo una relacion de pareja se autoflagela mucho por su pasado y no puedo mas que comprenderla, es unamuestra de como la mugrosa "psicologia del mexicano" machista ha forjado en ella un dogma o varios: que las mamas solteras usualmente son putas seguras y que una mama soltera con un pasado de basta actividad sexual no tiene el derecho a ser feliz.

Me hiere mucho saber que ella, la mujer con la que salgo, mi musa a decir verdad, tiene esos esquemas, y que arduamente trata de derrumbarlos, pero recurrentemente regresan. Si ella, que es una mujer inteligente, con un talento artistico increible, buena madre, excelenbte mujer, si alguien como ella se atormenta, que sera de las demas mujeres.

Yo, tal vez sepas, no soy nada machista, los machines me recagan los cojones y de vez en cuando me enfrento ideologicamente a uno que otro.

Bueno, espero haber dejado un comentario decente, estamos en contacto y sigo impresionado siempre que hay algo nuevo en tu blog. :)

Edith.BlackSoul dijo...

Evaristo: Lo que pasa es que ni el/la más culto/a, educado/a, sensible o inteligente de los hombres y mujeres se libra de la naturaleza humana.

Todos somos susceptibles a alguna u otra parte de la cultura en la que vivimos, sobre todo aquella donde se nos degrada o insulta y sobre todo si es de manera sistemática o prolongada.

Es una lucha interna de toda la vida el combatir los prejuicios que nos degradan y que aunque uno "sabe" que son erróneos y no lo aplique para los demás, si los aplica para sí mismo.

Y pues lo bueno que tu apoyas a tu chica, la verdad es que hombres como tu, mi marido y muchos de mis amigos son los hombres que cambiarán este cochino mundo. Saludos