28 febrero 2011

Mi templo

Camina, corre, salta, mastica, defeca, estornuda, crece y se renueva constantemente. Respira, tiene orgasmos, sangra y se ensucia. Sin que se lo ordenemos y, la mayor parte del tiempo, sin que le prestemos atención.

Algo hemos olvidado con el tiempo, que somos extraños en nuestro propio cuerpo. Hoy en día trabajamos, vivimos y convivimos cada vez más tiempo con la mente, en un mundo irreal –Internet, libros, películas- de manera que descuidamos y olvidamos la realidad física de nuestro cuerpo.

Tiene que ver, pero no me refiero a esta en mala o buena condición física; no hablo del bien comer, ni de la prevención de enfermedades. Cosas que de cualquier manera, la mayoría de las personas no tenemos/practicamos en la vida real.

Me refiero a lo poco que nos dedicamos a la pensar –siquiera- en el cuero que habitamos. Lo poco que nos conocemos. Lo poco que comprendemos el hecho de que somos seres biológicos –animales- conformados por sistemas de órganos que cada segundo excretan sustancias, transportan nutrientes, coordinan movimientos e infinidad de procesos más. Lo poco que nos dedicamos a ser testigos de esos procesos.




¿Cuántas veces nos hemos puesto a contemplarnos profundamente? (No hablo de belleza) ¿Cuándo fue la última vez que estando sentados nos percatamos de la sangre recorriendo nuestras venas, el aire entrando en nuestros pulmones o realmente sentimos la sensación de tragar saliva?

Es increíble la manera como obviamos nuestra existencia física. 

Cierto que la mayoría la prestamos atención a cosas como la limpieza, el hambre y demás urgencias fisiológicas, pero estas obedecen al sentido de “necesidad inmediata” que conllevan dichas atenciones e incluyo en esta categoría a los menesteres de belleza a los que nos sometemos las mujeres, que aunque físicamente no son “necesarios” lo son desde el punto de vista social. Sin embargo casi todas esos cuidados son muy limitados tanto en la forma y costumbre, como en las áreas específicas a las que van dirigidas. Prestamos atención a no oler a sudor, tener la boca fresca, el cabello presentable, la cara limpia o cuidadosamente “exaltada”…y poco más.

Cuando la ocasión lo requiere –y a veces ni eso- nos curamos dolencias, nos ponemos a dieta, prevenimos algunas cosas o simplemente nos lamentamos por nuestros defectos físicos reales o imaginarios.

¿Qué tan conscientes somos de nuestro cuerpo? ¿Hasta que punto no nos damos cuenta de que somos perfectos porque nuestros órganos están sincronizados de manera tan organizada que podemos despertar cada día y salir al mundo, comer, tener sexo, y explorar nuestro entorno con nuestros sentidos: ver millones de colores, oler cosas de las que ni nos percatamos, sentir miles de texturas…? 

No sé que tengo que últimamente me encuentro fascinada con la increíble maquinaria orgánica que me mantiene viva. 

Encontrarme absorta en la autocontemplación. Los vellos de mis brazos y cómo están dispuestos, la apariencia de mis (no)uñas y las arrugas de la piel sobre las falanges de mis dedos, la forma como a veces me duele la espalda baja, a lo que me huele el aire que respiro ahora mismo mientras escribo esto y la manera como se mueven y sienten mis dedos al golpear contra el teclado.

¿Qué tanto conocemos el cuerpo que nos mantiene con vida?

Soy perfectamente consciente de que no podemos ir por el mundo contemplándonos cada segundo, simplemente me ha dejado atónita la manera como ignoramos esa parte de nosotros. Deberíamos acordarnos más seguido que somos un montón de tripas forrados de piel y pelos y que sin eso no estaríamos aquí.

¿Qué tan seguido presentamos ofrendas en el templo de nuestra existencia fisiológica?

Somos máquinas ingeniosas de la evolución: palancas, impulsos, depósitos, carreteras, bombas, y cientos de otros mecanismos y ni siquiera lo notamos. Es tan fascinante que roza el nivel del milagro, el hecho de que por cualquier error que pudiese pasar, cualquier cosa que no estuviera en su lugar en el momento adecuado podríamos morir. Sangre que no recorra el cuerpo, pulmones que no respiren, huesos que no sostengan.

Todo está allí y nosotros ni en cuenta.

21 febrero 2011

Yo y el horror o de cómo me enamoré de Clive Barker.

El último año y medio he visto más películas de horror que muchas personas a lo largo de toda su vida. Culpa del Sr. Edith. Aún así, me resisto a ser una fan típica del género y al tener un gusto por otro/todo tipo de cine suelo ser más crítica y selectiva que los expertos en el tema.

Una de las críticas más frecuentes al cine de horror es que, en su mayoría, son películas 1)poco originales, 2)técnicamente mal hechas y 3)poco creíbles y estoy de acuerdo con eso. Aunque con el paso de los meses he ido aprendiendo a ver este tipo de películas con otros ojos, a tomar la mentalidad de "ignora que se le esta viendo la cremallera al monstruo" y en general hacer las concesiones que uno debe hacer para apreciar las películas de terror, la mayoría me siguen pareciendo malas y realmente solo disfrutolas películas de horror que, rompiendo la regla, son muy buenas como filmes e incluso aclamadas por ajenos del mundo del horror.


En cuanto a literatura de horror me considero completamente neófita. El Sr. Edith ha tratado igualmente de inducirme a leer este tipo de libros, pero me he resistido celosamente, ya que con los libros si suelo ser implacablemente crítica y tengo tantos títulos en "lista de espera" que leer algo que de entrada tiene pocas probabilidades de gustarme es un riesgo grande.

Después de MUCHO insistir, largas conversaciones al respecto y escuchar el esbozo de una historia que me llamo poderosamente la atención -la cual curiosamente aún no he leído- decidí darle una oportunidad a Clive Barker.

El primer libro que leí de él fue "Libros de Sangre" editado por Factoría de Ideas. Y oh, sorpresa. Me enganché. 

Los cuentos de Barker no solo son ejemplos de una narrativa excelsa, sino que, a diferencia de casi todo el horror -o el concepto que tenemos de horror- es increíblemente original. Barker nos muestra el horror allí donde no esperábamos encontrarlo. Y es deliciosamente repulsivo. Repulsivo no por asqueroso, sino porque repele: porque en más de una ocasión la atmósfera de lo narrado fue tan densa y yo estaba tan poco preparada para esa sorpresa que no pude más que cerrar el libro o apartar la vista.

Mis favoritos de esa compilación: "El Charlatán y Jack" relato extrañamente cómico y bastante cortante que, aunque no es horror propiamente dicho, resulta fascinantemente hilarante y fluido; "El blues de la sangre de cerdo" que solo puedo describir como terrorífico y preciosamente bien narrado; "Terror" que me provocó una sensación de asfixia -y vaya si sabré de asfixia- tan inmensa que no pude seguir leyendo sin dejar pasar algunos minutos y mi favorito de todos los cuentos que he leído de Barker: "En las colinas, las ciudades" un relato tan extraño, tan inesperado, tan poco probable que es inexplicable; toda la narración parece un sueño, pero no un sueño del autor, sino un sueño propio, todo se ve -lee- enrarecido, todo es irreal, todo está pasando en mis/tus tripas. 

Con Barker el contenido y la forma son uno mismo: como debe ser.

"Libros de Sangre" me gustó tanto, tantísimo que hice algo que pocas veces hago: leer varios libros de un mismo autor de forma consecutiva. Al título mencionado le siguió "Libros de Sangre Vol. 2" y "Sangre 2" de editorial Martínez Roca (que vendría a ser el Vol. 3 de "Libros de Sangre").

Del primero me gustaron "Los nuevos crímenes de la calle Morgue" tributo a Poe, "Hijo del celuloide" que sorprende por su originalidad y atmósfera, "Rex Cabezacruda" que está extremadamente bien hecho y aunque lo cruento no es precisamente lo mío, me atrapó: quemante y desollador, con un ritmo frenético y bien manejado; horrible, chocante, viscoso y perfecto y por último "Cabezas de Turco" que tiene ambiente deprimente que te oprime el pecho, está tan bien narrado que puedes sentir la peste, la humedad, el calor, el agua y sobretodo: el miedo.

"Sangre 2" fue el más flojo de los 3 libros y -a mi gusto- solo trascienden dos relatos: "La vida la muerte" que por momentos me recordó a la película "Alien" y al libro "Las intermitencias de la muerte", pero cuando estaba a punto de clasificarlo como predecible dio un giro inesperado que fue una grata sorpresa, a decir verdad, no es precisamente la palabra para describir la sensación, pero al menos narrativamente fue una sorpresa grata; y "Como se desangran los expoliadores", relato, que si no gana en originalidad, gana en la increíble sensación de realidad que infunde: es cruel y amenazante.

En menos de un mes, Clive Barker ha ido ascendiendo en mi lista de escritores favoritos y definitivamente será un parte aguas dentro de mi concepción del horror. Gracias, Clive, por regalarme algunas noches de insomnio y por obligarme a revisar bajo la cama como cuando era niña. No puedo hacer nada más que elogiarlo. Bienvenido a mi corazón y mis pesadillas, Barker.

16 febrero 2011

Damas y putas.

¿Les ha pasado alguna vez que mientras hablan -ya sea con otras personas, con ustedes mismos, en voz baja o en voz alta- de pronto una parte de ustedes se da cuenta de algo que acaban de decir/pensar y lo analiza de manera profunda? Hablo de esas veces que somos conscientes de algo que, aunque puede ser cotidiano, nunca habíamos apreciado o entendido del todo. De esas veces que sí nos escuchamos.

Bueno, a mí me pasa seguido. Hace unos días hablaba conversaba conmigo misma -en mi mente, no soy (todavía) tan rara para ir parloteando conmigo misma por la calle- sobre distintas cosas y venían a mi mente diversas ideas. La verdad es que no recuerdo bien de que iba el monólogo, pero de pronto vino a mi mente una frase que he escuchado muchas veces: "Ser una dama en la calle, pero una puta en la cama" y sus derivaciones o parecidos como "Los hombres quieren una dama por esposa y una puta en la cama"

De alguna manera nunca había analizado las frases para entenderla o siquiera estar de acuerdo con ella o no. Esta vez vaya que lo hice: traté de recordar las veces que la he escuchado y el contexto en que fue dicha, busqué en Internet el uso que más comúnmente se le da y vinieron a mí muchos pensamientos derivados, preguntas y algunas conclusiones:

"Ser una dama en la calle, pero una puta en la cama" se usa generalmente de manera "positiva" como sinónimo de una supuesta liberación de la mujer en lo referente a su sexualidad. Encontré algunos foros con consejos y secciones preguntas y respuestas para saber como "liberar la puta que llevas dentro" y algunos posts y comentarios dándole esa misma connotación "buena".

Por otro lado "Los hombres quieren una dama por esposa y una puta en la cama" aunque es bastante parecida a la anterior, es un poco más...digamos, machista. Es uno de tantísimos prejuicios sobre como "deberíamos" ser las mujeres con nuestras parejas. Pero en teoría lleva el mismo contexto de "liberación" de la sexualidad femenina. ¿Eso es todo? No. Creo que ambas frases esconden un par de ideas sumamente dañinas:



Como yo veo las cosas, la idea intrínseca de ambas frases es que una dama (como sinónimo de mujer decente ) no puede o debe vivir libremente su sexualidad. Para eso debe convertirse en puta. Solo las putas gozan. Uno no puede ir por la vida siendo dama y a la vez disfrutar del sexo.


Me llama la atención como, aunque en este par de frases "puta" se deja entender como algo "bueno" la mayoría de las veces que alguien usa la palabra "puta" se utiliza como un insulto. De manera que, por un lado, la sociedad nos dice que está mal ser puta: es humillante; por otro, nos dice que debemos ser putas en la cama -preferentemente o casi exclusivamente refiriéndose a al cama de nuestro marido-, en otras palabras humillarnos. Es humillante ser llamada puta, pero toda buena mujer, debe ser una puta (humillarse) ante su hombre.

Ojo, no estoy EN ABSOLUTO en contra de la liberación sexual de la mujer, simplemente estoy puntualizando como una de las frases que se usan supuestamente para promover esa liberación es precisamente, un grillete más del machismo. ¿acaso una dama no puede disfrutar el sexo?

La segunda frase es muchísimo más interesante, porque de alguna manera da entender que si no eres decente ante los demás y a la vez "te humillas" siendo una puta en la cama para tu esposo, el de alguna manera buscará donde más satisfacer sus "necesidades". De nuevo el viejo pensamiento de que los hombres no controlan su sexualidad y "el hombre llega hasta donde la mujer quiera"

Quiero que quede bien claro que estoy de acuerdo con el supuesto significado de ambas frases: la mujer puede y debe disfrutar del sexo, tanto en el matrimonio como con cualquier pareja. Es justo, válido y necesario. La sexualidad es algo hermoso y TODAS deberíamos vivirlo plenamente, informadas y sin prejuicios. Con lo que no estoy de acuerdo es con la idea de que disfrutar del sexo te convierte en puta o te hace menos dama.

Yo vivo mi sexualidad libre y plenamente. Eso no me quita dignidad (decencia), no me hace menos dama ni significa humillarme, gozar el sexo no me convierte en puta.

05 febrero 2011

De irresponsabilidad, desfachatez y la escuela.

Nota: Más de tres cuartas partes de las personas que visitan este blog no son de Monterrey, la ciudad donde vivo o siquiera de México, así que en el post explicaré algunas cosas que muchos saben, pero la gran mayoría de los lectores no.

Durante los pasados 2 días la ciudad se vio afectada por una ola de frío y el termómetro registró temperaturas bastante bajas para el promedio invernal de los últimos años (estuvimos a -4º en el punto más álgido)

Para la mayoría puede parecer irrisorio el que nos alarmemos por esas temperaturas, que a muchos les parecerán un friecillo, pero entiendan que aquí -me refiero en exclusiva a la zona conurbada de Monterrey- es medio desértico e incluso en la estación invernal las temperaturas son bastante tibias y muy pocas veces descienden más allá de los 5 grados. Para dejarlo breve: no estamos acostumbrados al frío. No es de extrañar que el gobierno y los medios advirtieran a la población para que tomase precauciones.

Una de las sugerencias más usuales es el dejar a juicio de los padres el enviar o no a los niños a la escuela dependiendo de que tan baja este la temperatura. Como en ocasiones anteriores, desde el miércoles la asistencia a las instituciones educativas sufrió una caída estrepitosa. Los indices de absentismo alcanzaron más del 80% en la mayoría de las escuelas.

Ahora bien, como comenté anteriormente, el frió fuerte es poco frecuente en la metrópoli y más aún lo es el que nieve; sin embrago en los puntos altos y valles que conforman la Sierra Madre Oriental la cual cruza parte del estado el clima es más helado y las nevadas son si no frecuentes, menos raras.

Una de las atracciones estatales más concurridas es el Parque Ecológico Chipinque, ubicado en lo alto de la Sierra Madre Oriental es un área natural de más de 1625 hectáreas, cuenta con flora y fauna representativa. Se ha convertido por disposiciones del gobierno y de ONG´s en Área Natural Protegida. En Chipinque no es nada extraño que las heladas provoquen pequeñas nevadas, la mayoría de poca duración y que a las pocas horas desaparecen sin dejar rastro.

Una vez que los he puesto en contexto paso a el motivo de este post.

Ayer alrededor de la 08:20 inició una nevada más copiosa de lo normal en Chipinque, que dejo cubiertas mesas, letreros y arboles al menos por un par de horas. Noticia por la cual decenas de familias llegaron al parque desde temprana hora para disfrutar del espectáculo níveo.

Sí...los mismo niños cuyos padres consideraron que hacía bastante frío como para mandar a sus hijos a clases.

No solo en Chipinque sino alrededor de una fuente del Parque Fundidora -cuya agua se congeló- y en la Alameda Mariano Escobedo -donde varios árboles lucieron con hielo, luego que durante la noche se dejaran activados los aspersores- decenas de padres prefirieron llevar a sus hijos a tomarse la "foto del recuerdo" con la nieve que enviarlos a estudiar. La excusa fue que las faltas estaban justificadas por la Secretaría de Educación a causa del frío.

Otra cosa sería que las clases se hubieran suspendido definitivamente -lo cual, que yo recuerde, al menos en los últimos años, nunca ha pasado-. Sin embargo, como en tantas otras ocasiones la asistencia de los menores se dejo "a discreción de los padres"; quienes, sin pensarlo mucho, se llevaron a los hijos a divertirse.

Si realmente a esos padres les preocupara tanto la salud de sus hijos -yo entiendo que algunos salones están en muy malas condiciones para soportar el frío; algunos son cuevas invernales- no los llevarían a un lugar donde hace ¡aún más frío! (la temperatura media del día de ayer fue de -10º en Chipinque, 6º menos que en el área metropolitana)

Me parece irónico que los acontecimientos provocados por la nevada -y la ineptitud y valemadrismo de la gente- sucedan a tan pocos días de las declaraciones hechas en el programa Top Gear sobre que los mexicanos somos holgazanes, vagos e irresponsables; sobre todo después de que muchísimas personas se sintieron sobreofendidas al respecto e incluso la BBC publicara una disculpa oficial. Claro que no somos irresponsables, solo nos fuimos a pasear en vez de ir a la escuela.

Hace poco leí "La increíble hazaña de ser mexicano" donde en uno de los capítulos el autor, Heriberto Yepez, analiza la manera como se ve a la educación en México: como algo inútil que no nos va a servir de nada en la vida real. Un mero trámite o proceso -tortura- por el cual debemos pasar para obtener papeles que nos "acrediten" como personas alfabetas. Nada más cierto.

En la vida cotidiana -académica, social y laboral- vemos como la educación de cualquier tipo es, en general, despreciada, objeto de burlas y es, más que una oportunidad, un castigo y una carga.

De una manera contradictoria los padres, por un lado -el lado de las apariencias-, exigen a sus hijos que se porten bien en la escuela y saquen "buenas calificaciones" y por otro -el subconsciente, social y real- menosprecian el efecto y utilidad de la educación: se burlan de los "cerebritos", sobajan la profesión del maestro, toleran la corrupción y deshonestidad en las pruebas e inculcan en la sociedad la irresponsabilidad de tomar CUALQUIER excusa para faltar a clases. 

*fotos tomadas de Milenio.com