27 julio 2011

La madre mexicana.

Nota: el escrito contiene argumentos e ideas que pueden hacer que ciertas personas se sientan identificadas o –como decimos en México- “les caiga el saco”, algunos se ofenderán y lo tomarán como una crítica personal a su familia y a su persona. Si ese es su caso, querido lector, remítase a las partes donde digo específicamente que son generalizaciones, estereotipos y modelos típicos…si igualmente usted se sigue sintiendo identificado, entonces cuestione su vida familiar antes de cuestionar mi post.

Una de las cosas de las que más presumen los mexicanos o de las que dicen sentirse orgullosos es el “amor de familia” que –por lo general- se muestra en la sociedad de México.

No sé si sea por no haber crecido bajo ese modelo desde pequeña o el hecho de haber tenido la oportunidad de conocer otras culturas, pero hasta el día de hoy, el conjunto de “valores” familiares del mexicano me parecen poco más que un hervidero de personas dependientes, malogradas e inmaduras.

No digo que todas las familias sean así o que sea un modelo familiar completamente erróneo: estoy conciente que incluso bajo ese ambiente familiar puede haber personas perfectamente funcionales y sin patologías psicológicas acusantes. Aún así, día tras día veo repetirse el patrón y no puedo dejar de observar que muchas personas crecidas bajo un modelo familiar “típico” del mexicano presentan características similares y después crían a sus hijos bajo esos mismos parámetros.

Empezando por el elemento que yo considero más complejo: la madre.

El estereotipo de madre mexicana es el que -tristemente- casi siempre repite y en la mayoría de los casos sí aplica. Hoy en día hay más apertura para que el padre encaje cada vez menos en el estereotipo de “padre macho mexicano”, pero en cuanto a la madre, sin importar cuan “moderna” sea su familia, en muy pocos casos se rompe con el esquema de “madre sufrida mexicana”.

El modelo típico de la maternidad mexicana encaja en toda clase de familias: nuclear, extensa, monoparental…en casi todas la madre –o abuela, en algunos casos- permanece como figura inmutable y centro de la familia mexicana.

¿Y en qué consiste el estereotipo? En ser sacrificada, sufrida, dejarlo todo en pos de los hijos, partirse la madre –osea a uno misma - para sacar a la familia adelante (sea que haya o no una pareja), aguantar las vicisitudes de la vida conyugal y la maternidad con temple de acero y básicamente todo lo que signifique renunciar a uno misma en pos de la tan adorada familia mexicana.



Y es algo que simplemente no soporto. Cuando escucho a madres hablar de sus “sacrificios” y de todo lo que han dejado de lado por criar a su hijos “bien” como si el hecho de desmerecerse como mujeres y abandonar cualquier otra faceta que no sea la de madre/esposa fuera la cosa más loable del universo, siento una infinita pena por esas mujeres. Sobre todo si son mujeres jóvenes, que antes de tener hijos o casarse hacían de todo tipo de cosas y tenían todo tipo de talentos.

Y no me molesta porque no me gusten los niños –de hecho me gustan bastante- o porque no quiera ser madre –si quiero-, sino porque no es más que una forma de decir «Los hijos y el matrimonio terminan con cualquier otra faceta, talento o necesidad que tengas como mujer»

Basada en mi experiencia como hija, sobrina, al haber visto a mis amigas, compañeras y conocidas formar sus familias y en general con muchas de las familias a mi alrededor puedo decir que esa es una aseveración completamente falsa: he sido testigo de mujeres que viven su maternidad sin dejarse de lado a si mismas o a cualquier otra faceta de ellas mismas –sea esta trabajo, salud, educación, sueños…- ser más felices, llevar matrimonios más felices y criar hijos más felices que los que promete la vida de sacrificio maternal que tanto alabamos los mexicanos.

Uno de los mayores problemas es que a las mujeres que quieren vivir de una manera que yo considero sana, es decir ser madres, trabajadoras, mujeres con una vida sexual, educación, sueños o proyectos se les tacha de egoístas. 

Un ejemplo de esto es el hecho de que en México no hay una tradición de niñeras: cuando una mujer tiene hijos y no trabaja, es rarísimo que deje a sus hijos al cuidado de otra persona para salir, divertirse, hacer recados o cualquier otra cosa…de hecho a las mujeres que lo hacen las tachan de irresponsables, porque si no trabajan “no tienen excusa” para “abandonar” a sus niños al cuidado de otras personas.

Creo que en el caso de las –cada vez más- madres trabajadoras no aplica tanto lo anterior, pero por el simple hecho de que ellas no tienen otra alternativa que dejar a sus hijos al cuidado de otra persona; aún así, en esos casos lo notable sería observar que en la mayoría de las casos esas personas son abuelas, tías o miembros de la propia familia y ya como última instancia se recurre a niñeras o guarderías (más adelante intentaré explicar esto)

Una de los síntomas es la típica madre que no sale a ningún lado sin sus hijos y no me refiero a esas veces que salen imprevistos, urgencias o salidas no planeadas…sino a TODOS lados. La clásica mamá que si no trae a sus hijos pegados se siente “mal”

¿Soy la única que ve en esto algo enfermizo?

Al haber abandonado todas las demás cosas que significan ser mujer en pos de ser una madre/esposa, las mujeres convierten eso en su única fuente de éxitos y satisfacción personal. En esos casos dejar a los niños es desprenderse de su única fuente de realización personal: no es por si los hijos están bien o mal cuidados con otras personas, es por puro egoísmo de decir “soy tan buena madre que no descuido a mis hijos

De verdad, no entiendo a las madres que piensan que convirtiéndose a sí mismas en remedos de mujer, siendo incompletas, descuidándose a sí mismas o dejando su vida de lado criarán seres humanos felices. No logro imaginarme cual es la línea de razonamiento que las lleva a pensar que entre menos mujeres sean, mejores madres serán

¿Si pudiesen escoger por qué tipo de madre ser criados que preferirían? ¿Ser criados por una mujer que lo único que hizo en su vida fue casarse o tener hijos, “sacrificarse” por ellos y abandonarse a sí misma o crecer bajo el cuidado de una mujer que realizó muchos de sus sueños y que aparte de ser una madre fuese una mujer con logros y metas varias en todo tipo de aspectos? Obviamente no podemos seleccionar por qué clase de padres ser criados, pero sí que podemos elegir que clase de madres seremos y escogeremos para nuestros hijos.

Una de las consecuencias de que una mujer viva exclusivamente para criar a sus hijos es que cuando estos crecen, la vida de ella desaparece. No tiene vida sexual, experiencia laboral, contactos o gustos en particular. 

Para ejemplificarlo vean una gran diferencia cultural: en otros países cuando los hijos se van a de la casa (a una edad mucho más temprana que en México) las madres, después de un periodo corto de nostalgia y tristeza por ver partir a su descendencia se dedican a aprender cosas, leer, viajar disfrutar de sus “años de retiro”…en cambio, la cultura maternal en México hace que las madres 1) intenten prolongar la estadía de los hijos lo más posible (casi siempre hasta que se casan), 2) sufran desmedidamente la partida de éstos y 3) se queden sin nada concreto que hacer. 

Hay muchas personas de esta edad que deben seguir trabajando para mantenerse, aunque casi siempre es el hombre el que lo hace, pero otros muchos no; y sobre todo en estas familias es donde se observa como las madres se quedan sin absolutamente nada que hacer que no sea limpiar el nido vacío y (recuerden lo que mencioné antes) cuidar a sus nietos.

Aquí es donde no me cuadra el supuesto amor que el mexicano le tiene a su madre. ¿Si de verdad las queremos tanto porque las dejamos abandonarse y destruirse de esa manera? Para muchas mujeres “chapadas a la antigua” no hay mucho que se pueda hacer para cambiar su forma de pensar al respecto, pero hay cientos de madres en edad joven o que van empezando y muestran ¡exactamente la misma actitud! ¿A dónde diablos se fue toda esa modernidad e iluminación de pensamiento?

Y por favor no me vayan a decir que es algo que no se puede hacer. Porque a diario estamos rodeados de mujeres y familias que de hecho viven una maternidad saludable, donde el papel de la madre es solamente una de las facetas de la mujer del hogar. 

No, no es totalmente culpa de las mujeres, ni solamente en ellas está la solución. Todos: hijos, padres, abuelas, amigos, todos debemos cambiar nuestra forma de pensar y dejar de ensalzar el sacrificio de la mujer como la quintaesencia de la maternidad a cambio de una sociedad donde ser madre sea una meta, un sueño, un deseo y una felicidad en vez de el único propósito y la ruina de una mujer completa. 

Dejemos de llenar nuestra vida de mujeres sacrificadas y dejemos de ser mujeres sufridas.