15 septiembre 2011

El principal atributo de la ciencia.

Una de las cosas que más me molestan sobre las personas es cuando no entienden conceptos básicos sobre la ciencia. No hablo sobre teorías físicas o la química más avanzada, sino sobre cosas “simples” que a todos nos enseñaron en la escuela primaria y secundaria.

Más que molestarme me dan “ansias”: me desespera no tener la paciencia, el tiempo o que ellos no tengan la disposición para sentarnos y explicarles el tema. Y ojo que no digo que sea una experta, repito, hablo de conceptos sencillos que a TODOS nos enseñaron en la escuela obligatoria (hasta los 15 años en México). Cosas como la disposición del sistema solar, lo que significa un año luz y sobre todo, algo que he visto que mucha gente no entiende: que la ciencia cambia. (Al parecer nadie ponía atención cuando explicaban como funciona el método científico)

Me deja atónita leer o escuchar comentarios cuando se publica la noticia sobre algún descubrimiento científico que modifica los estándares hasta ese entonces “ciertos”. Como cuando la comunidad científica dejó de considerar a Plutón un planeta o cuando comenzó a tomar fuerza la teoría de que muchos dinosaurios (familia Dromaeosauridae) estaban más relacionados con las aves que con los reptiles. Comentarios del tipo “Pero es que a mí siempre me enseñaron que esto o que lo otro, entonces estaban equivocados y la ciencia es una mentira( y mala y satánica)”

Me quedo atónita porque la principal cualidad de la ciencia y lo que la diferencia de la religión o los dogmas o creencias chácharas como los horóscopos es que si una “verdad” hasta entonces aceptada se prueba falsa, se desecha. El principal atributo de la ciencia es que siempre está a prueba y siempre cambia. Al contrario de la fe que no admite cuestionamientos o dudas, la ciencia se basa en cuestionar TODO, incluso lo que se considera verdadero.

Si no fuera así la ciencia seguiría diciendo que la Tierra es plana, que los átomos son indivisibles, que la Tierra es el centro del Úniverso…

La ciencia no pide fe ciega, sino todo lo contrario. La ciencia no se trata de si a mí me gusta que Plutón sea un planeta o no, ni de lo que me enseñaron hace 10 años, sino de lo que aprenderemos (como humanidad) a partir de cuestionar todo lo que sabemos y desconocemos hoy.

08 septiembre 2011

Comer

El mes pasado fue desquiciante. Anduve de un extremo de la ciudad a otro en diferentes eventos, con el tiempo limitado y básicamente fuera de mi casa desde temprano en las mañanas hasta muy noche, sobre todo las últimas dos semanas del mes. En esos días ajetreados del mes pasado me puse a reflexionar, entre muchas otras cosas, en la forma como me alimento cuando estoy en este tipo de situaciones y no solamente yo, sino casi todo el mundo.

Y no hablo precisamente de qué comemos (eso da para otro post), sino cómo nos alimentamos y la manera como vemos el acto de comer.

Primeramente viene a mi mente el comportamiento animal. La mayoría de los animales dedican enormes cantidades de tiempo en conseguir y tomar su alimento: los carnívoros buscando presas y los herbívoros consiguiendo suficiente comida. Aparte de la supervivencia en otros aspectos y la reproducción, para muchos animales lo único que importa es conseguir la siguiente comida.

De igual manera los homínidos antepasados del humano y los seres humanos del neolítico que vivían de una manera más cercana a la vida “animal” invertían mucho esfuerzo en conseguir los nutrientes necesarios para desarrollarse y cumplir su ciclo de vida.

Con la evolución de la sociedad a través de la historia el conseguir el alimento diario cada vez ha sido más fácil para muchas más personas. Lamentablemente sigue habiendo miles de personas que viven hambruna, pero en lo que respecta a la gran mayoría de las personas que vivimos en ciudades, es un problema “solucionado”. Ciertamente debemos trabajar para obtener el dinero que nos ayuda a comprar la comida, pero no trabajamos directamente por ella y –al menos la mayoría- no vivimos con la incertidumbre de si habrá o no alimento en nuestras bocas este día.

Al mismo tiempo que el vivir en sociedad nos ha facilitado la obtención del alimento, nos ha heredado diversas costumbres, maneras y rituales que seguir a la hora de hacer algo tan simple como nutrirnos. Desde el descubrimiento de diversas formas de preparar la comida, la combinación de sabores, horas específicas para comer y diferentes maneras de ver la comida. Todo este conjunto de “invenciones humanas” técnicamente innecesarias para sobrevivir es lo que capturó mis pensamientos durante las pasadas semanas.

Sobre todo el ver como actualmente el comer pasó de ser una necesidad a la cual le volcábamos gran parte de nuestro tiempo a ser un inconveniente.



Frecuentemente escucho o me he encontrado diciendo cosas como “Diablos, necesito terminar esto, pero tengo demasiada hambre” o “Debo llegar a tal lugar a tal hora pero antes (o en el camino) tengo que comer algo”. Hoy en día alimentarnos es una pérdida de tiempo: tiempo laboral (nada más ver los infames horarios de comida de media hora o menos), tiempo que no le estamos dedicando a cosas “importantes”, tiempo que le robamos a cosas que sí nos interesan.


Me parece verdaderamente triste el hecho de que en nuestra sociedad el comer sea todo menos lo que es. Hoy en día ir a un restaurante es ir por la compañía, por el precio, por el prestigio del lugar, por cercanía o por cualquier cosa menos la comida. Hoy decimos “vamos a comer” para decir “vamos a vernos en algún lado y platicar”. Hoy en día comemos para quitarnos la molestia más que todo. 

En parte se debe al hecho de que el humano insiste en esconder sus cualidades “animales” y ciertamente el hambre y el instinto de alimentarnos es algo sumamente salvaje que sin importar dónde estemos o qué cosas tan “urgentes” debamos hacer, si no lo obedecemos por algún tiempo aparece y se salta de tajo miles de años de cultura para enseñarnos que sin importar cuánta tecnología tengamos, cuán cultos seamos o que tan civilizados seamos seguimos siendo seres regidos por las necesidades más primitivas. 

Creo que es esta manera de ver la alimentación uno de los motivos por los cuales no nos importa lo que comemos: porque mientras mate la necesidad por el tiempo estimado hasta la próxima comida no importa si es sano o incluso, no importa si nos agrada del todo.

Y no me agrada nada la idea. Confieso que desde que pensé en estas cosas, prácticamente no he dejado de observarlas cada vez que voy a la mesa. Y aunque no lo crean, me ha hecho consciente de lo que como y cómo lo como. Mi dienta nunca ha sido particularmente dañina y de hecho podría decirse que es bastante sana, pero últimamente le dedico más atención a la manera como cocino las cosas y la manera como las ingiero.

Es algo muy relacionado con el estar conciertes de la realidad física en la que vivimos (algo que ya comenté en el post del que hablaba de la admiración que siento por el cuerpo humano), aunque claro es algo que a veces no queremos hacer. El ser conscientes de lo rico que se siente estar satisfechos y no tener hambre, de cómo algunos alimentos no solo saben bien, sino que se sienten magníficos en el estómago, de las formas como se mueven nuestras lenguas y dientes al masticar la comida…

Desde que pienso así me la he pasado consumiendo y preparando comida deliciosa y me sabe a las mil maravillas y ciertamente cambié mi manera de ver un acto sin el cual no estaríamos aquí.