Yo uso estas palabras con mucha frecuencia, aunque también encuentro más descriptivo de mis ideas decir «anti-sexismo» o hablar de la «lucha contra el sexismo»
Aunque sin lugar a dudas a lo largo de la historia y el desarrollo de la vida en las sociedades patriarcales el sobajamiento a la mujer como género es innegable y ha derivado en degradaciones, discriminación y violencia verdaderamente marcados, lo cierto es que la existencia de una vida marcada por el sexismo resulta en discriminación e imposición de roles para todo el mundo: mujeres, hombres y personas de género (biológico o psicológico) indefinido, intermedio o distinto a los dos anteriores.
La lucha contra el sexismo va de lo obvio a lo sutil: del «no golpees o violes a una mujer, ella tiene tus mismos derechos» al montón de frases, acciones y mentalidades del imaginario social que pasamos por alto todos los días y que conforman la base misma del sexismo y que son incluso más urgentes e importantes; después de todo, no todos los hombres golpean a las mujeres…pero cuando comienzas a descubrir y luchar contra el sexismo desde su raíz es cuando encuentras comportamientos cada vez más inconcientes e intrínsecos a la sociedad misma.
Tengo unos cuantos días pensando en el tema, pero hoy casualmente escuché en el trabajo en la conversación de alguien cercano a mí la espantosa y lamentablemente conocida frase «El hombre llega hasta donde la mujer quiere» y me parece que es el perfecto ejemplo de estos tipos de sexismo: el doble (que afecta a ambos géneros) y el sutil (el que no es notable a simple vista y atañe a la idiosincrasia misma de la sociedad)
Por un lado, quizá el más obvio, nos deja ver la mentalidad retrógrada que dice que dicta que todo lo malo que te pueda pasar como mujer en el ámbito de las relaciones con el género masculino no es nada más que tú culpa. Si te pega, es tu culpa. Si te viola, es tu culpa. Si te maltrata, es tu culpa. No se puede negar que cada quien es responsable de su destino y bienestar. No estoy diciendo que no es responsabilidad de la víctima detener el abuso, buscar ayuda, denunciarlo; pero al mismo tiempo es verdad que la decisión última de golpear, violar, violentar o abusar la tiene el atacante y es quien a fin de cuentas escoge violar/matar/golpear/abusar o no hacerlo.La discriminación oculta que encuentro en esta frase es la asunción de que el hombre es una animal sin racionalidad que no puede contener sus instintos sexuales y por ende debe ser controlado por la racional mujer. El pensamiento intrínseco de que si un hombre ve a una mujer semidesnuda, herida, golpeada o inconsciente, tirada en la calle lo único que su mente atinará a hacer será violarla. (Supongo que los cientos de casos de mujeres que han sido rescatadas en este tipo de situaciones son mera ficción)
Conozco muchos hombres en muchos tipos de relaciones: amigos, compañeros de trabajo, parejas, hermanos, primos, vecinos, maestros…y creo profundamente en la decencia de la mayoría de ellos. Los reconozco como mis iguales, seres racionales, humanos y dignos que sin lugar a dudas jamás abusarían (en ningún sentido y en ninguna situación) de una mujer o mejor aún, de ningún humano.
Así que rechazo tajantemente la imagen del hombre (como género) que se viene a mi mente cuando alguien dice «El hombre llega hasta donde la mujer quiere» Como si hubiese que poner barricadas en el perímetro del campamento para que no entren los coyotes y depredadores nocturnos.
No soy tonta, y desafortunadamente conozco a la peor clase de hombres y sé que también hay cientos de ellos que refugiados en la falacia de ese tipo de frases cometen las peores atrocidades: «Ella me provocó con su forma de vestir», «Si no quería que la violaran, ¿por qué salió sola de noche», «Solo me decía que no para hacerse la interesante, realmente me deseaba», pero simplemente me rehúso a definir a la mitad de la población mundial en base a los actos de unos cuantos cobardes.
Creo que este tipo de pensamientos sobreviven porque es mucho más fácil encontrar «circunstancias atenuantes» (la forma en que ella iba vestida, la hora, el lugar) o «que no podemos controlar» (soy hombre, la carne es débil, así es el impulso sexual) que aceptar que nuestro hijo, vecino, hermano, amigo… ha abusado, golpeado o violado a otra persona. Después de todo, aun prevalece en el imaginario social el estereotipo de que los abusadores, golpeadores y violadores son fenómenos retraídos que viven en el sótano de sus golpeadoras madres y que producen escalofríos y marchitan las flores al pasar, no Pedro, el chavo de la fiesta a la que fui anoche. Yo le doy la dignidad al hombre (como género) de ser mi igual, la decencia de ser un ser pensante, racional al igual que yo, no una clase de bestia incontrolable sin calidad humana al que tengo que imponer límites para que su deseo no me atropelle.
Es responsabilidad de todos (sin importar el género) cuidarse y cuidar a los suyos, pero más importante aún: en cada humano reside la capacidad y el albedrío para decir en última instancia no abusar de su igual.

1 comentarios:
Y hoy hablaba precisamente de dos experiencias personales que viví (ayer y hoy) de como la sociedad impone esos roles sexistas, ya sabes que estamos compaginadas mentalmente. Besitos.
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