13 junio 2012

El sexo ridículo y feliz.

Tengo un amigo que hace mucho me dijo: “El sexo (el acto en sí, el coito) es de las cosas más poco sensuales, más ridículas y graciosas de ver” y nunca entendí a ciencia cierta que era exactamente lo que quería decir. Y ahora lo hago.

El se refería a (independientemente de lo placentero que pueda ser, que lo es) lo ridículo que es ver lo que hacemos durante el sexo, las tonterías que decimos en el calor del momento, las poses imposibles y los cuerpos contorsionados. Mi amigo no lo decía de manera negativa, como tampoco lo hago yo: de hecho me parece algo gracioso y me hace feliz.

Los medios nos dan a entender que el sexo es algo completamente serio, depredativo, casi violento (y a veces lo es, pero no de manera inherente). Algo en que tenemos que lograr un excelente rendimiento y performance, algo que se tiene que hacer con cuidado de no estropear las cosas (lucir bien, ser sensuales, satisfacer al otro, hacer las cosas “bien”) y no me gusta esa forma de pensar.

Me gusta el sexo feliz, me hace feliz tener sexo, compartir y dar placer con otra(s) persona(s), a veces me río, y siempre me había parecido extraño que mis compañeros lo tomaran como una burla o se detuvieran y preguntaran “¿porqué te ríes?” siempre me pareció bastante obvio, después de todo, si uno está feliz, sonríe.

Sin embargo, ese mensaje que nos dan los medios de que el sexo es serious business convierte a la sonrisa en algo desterrado del acto. Si uno ríe durante el sexo es que se está burlando, está nervioso o pensando en el chiste que le contaron hace rato.

Después de casi tres años de relación de pareja con mi actual compañero, creo que hemos llegado a un nivel de intimidad (física, personal, sentimental y por supuesto sexual) en el que nos vamos deshaciendo de todos esos pequeños tabúes (en realidad no tenemos ningún gran tabú) o nos vamos dando cuenta que nos hemos deshecho de ellos hace algún rato, precisamente debido a esa familiaridad.

Y puedo reírme todo lo que quiera durante el sexo, sabiendo que él sabe que no es una burla, sino que expreso la felicidad que él me da…y claro, que me dan gracia las tonterías que hacemos: la torpeza que algunas veces tiene uno, las poses que se ven super hot en la mente, la foto o el video y en la realidad no lo son, los ruidos, las tonterías cachondas que dice uno, y los pequeños incidentes, las ocurrencias de último momento… y un montón de anécdotas que probablemente no le contaré a mis hijos, pero de las que siempre nos acordamos con una sonrisa.